agosto 21, 2017 | 12:42

game/nota/Opinión

Bioshock, a una década de Rapture

Bioshock llegó a nuestra vidas en el momento justo en que los jugadores necesitábamos una alternativa fresca. No sólo títulos que pusieran a prueba nuestra habilidad, también algo que nos levantara en la madrugada para jugar “cinco minutitos más” y nos llevara a un universo fantástico.

Así fue como Rapture, un mundo que nos sumergió (literalmente) en las profundidades de un mundo distópico, lleno de oscuridad y pasillos claustrofóbicos que adornaban instalaciones submarinas que jugaron con nuestra tranquilidad, en pro de encontrar la felicidad bajo la superficie de mundo desesperanzado.

Bioshock 1

Con esta premisa nació una de las sagas más inmersivas que haya conocido, donde de ser un habitante cuyo único motivo era revelar los misterios detrás de una falsa utopia -aunque para ello lidiara con habitantes transtornados- cambiamos (y nos transformamos) en gigantes metalizados que arrasaban con todo a su paso. Eso sin mencionar que con el tiempo, los riesgos que se corrieron en la franquicia llevando la experiencia al cielo, el otro extremo de la dualidad escénica, refrescó la serie dotándola de nuevos personajes y reavivando su carisma.

Y es que las historias, que siempre iban de menos a más y que invariablemente atrapaban a cualquiera que pusiera sus manos detrás del control, sólo contrastaban con el novedoso sistema de juego que combinaba el tradicional FPS con plásmidos, pequeñas modificaciones que permitían que el protagonista usará no sólo los elementos del escenario a su favor (atraer un tanque explosivo para lanzarlo sobre un grupo de enemigos resulta maravilloso), sino también la forma en que la moral afectaba directamente el curso de la historia.

Bioshock 2

Por eso es que, a diez años de nuestra primera incursión en Rapture, recordamos con cariño las emociones que la saga a despertado en nosotros, convirtiéndonos en supervivientes con sueños y dándonos la oportunidad de formar parte de la última esperanza de un nuevo mañana.